{"product_id":"epistola-para-una-sombra-9798297275300","title":"Epístola para una sombra","description":"\u003cp\u003e • Author(s): Miladis Hernández Acosta | Roberto Méndez Martínez\u003cbr\u003e • Publisher: Independently Published\u003cbr\u003e • Publisher Imprint: Independently Published\u003cbr\u003e • BISAC: General\u003c\/p\u003e\u003cp\u003eDoy fe de una reaparici�n, un sobre aviso o toque de queda para un poemario que vuelve de pronto a resurgir. La poes�a, hecha con las mejores herramientas, siempre emerge o destella como sucede con las grandes obras de arte. \u003ci\u003eEp�stola para una sombra\u003c\/i\u003e regresa a la expansi�n s�gnica, se desplaza con esta necesaria reedici�n hacia el cosmos profundo de las validaciones. Po�tica que, nace -ya- revalidada, sostenida y dignificada por s� sola en ese Cosmos y desde ah� bulle con sus logros y resonancias.\u003cbr\u003eRoberto M�ndez ofrece un telar renacentista y de igual forma postmoderno donde, se reacomodan presencias reveladoras. Magisterio de alguien que sabe dialogar, gestar o pernoctar, adem�s de amanecer escuchando antiguas voces. Hay en este libro una acuciante necesidad de conversar con los difuntos, de ganar madurez focalizando o registrando criaturas espectrales.\u003cbr\u003eQuien escribe se luce y, lo hace desde la reposici�n o desde la interacci�n de esas voces encaminadas o proyectadas a clamar o hacer vigilia por el polvo de un mundo que hemos ido perdiendo. Una vigilia destinada a salvar no solo la memoria, sino tambi�n preservar la poes�a como puente de redenci�n. Memoria y redenci�n: plata feroz del ser que anida o hace brillar la poes�a como arquetipo de esperanza. Tres salones ocupan la galer�a: \u003cb\u003eVida retirada\u003c\/b\u003e. \u003cb\u003eAndante de sonata\u003c\/b\u003e y finalmente, \u003cb\u003ePara las sombras\u003c\/b\u003e. En cada uno de ellos, el poeta se orienta hacia la intimidad del ser. Crea un territorio reflexivo, un entorno encaminado al \u003ci\u003ehomo cogitans, \u003c\/i\u003econdici�n l�rica de la reflexi�n. El poeta, no solo es gu�a, al un�sono funge como el salmista que propasa la alteraci�n de los tiempos. En cada uno hay espejos para mirarnos o evaluarnos por dentro. Espejos de conciencia, de cavilaciones. Espejos ignotos para hacernos pensar, incluso para cuando se refiere a temas no precisamente intelectivos, metaf�sicos o filos�ficos.\u003cbr\u003ePor ellos transitan pasajes insospechados, rutas disimiles, ajenas. Plantas vivas y muertas, lirios y cantores. Reinos. Fotograf�as, templos, jardines y ruinas. Estatuas. Las sombras de Miguel Servet. Balcones altos. Vecinos. Humedales de Holanda. Platos con im�genes de Talavera. Catedrales para orar, cantar o tan solo escuchar los c�nticos navide�os. \u003cbr\u003eFluyen borrascas de un agua redentora para lavar el cuerpo del Cristo crucificado, para asistir o colmar el dolor de un viernes santo, ver c�mo el velo del templo se rasga; sellar el santo sepulcro y, esperar el milagro de la resurrecci�n para llegar a ganar la rosa de Mar�a, la rosa de los misterios; la rosa infinita que a�n separada del tallo, como s�mbolo del vientre sagrado, sigue siendo rosa m�s all� de la muerte porque, lleva en s� el aroma insondable de la Resurrecci�n.\u003cbr\u003e\u003ci\u003eSi hubo un temblor fue en el cielo, pero no lo vimos. Todo tuvo la apariencia demasiado simple de las cosas definitivas: un dios muerto y el mundo, por una jornada, arrancado de sus quicios. En el Templo segu�an sus fiestas como si tal cosa. S�lo al fin de la tarde el Padre sac� de su boca un aliento enorme...\u003c\/i\u003e\u003cbr\u003e(\"Del Viernes\")\u003cbr\u003e\u003ci\u003eTan sola como Mar�a reiteraba para los ausentes el mon�logo. Yo no pude asistir, ignoro las circunstancias, tengo s�lo ese perfume de las cosas por muy viejas prohibidas. Y la rosa dulcemente de su tallo separ�. \u003c\/i\u003e\u003cbr\u003e(\"Para la rosa antigua\")\u003cbr\u003eLa imagen es relieve, lazo, soldadura y configuraci�n del alma en estado contemplativo. Pero, esta contemplaci�n tiende al cuestionamiento. No como un antagonista, sino como el buceador de una perspectiva luminosa. La sombra no es sombra sino haz luminosa. Luz que fecunda la imagen. Lo conclusivo nunca ser� la muerte sino la Resurrecci�n. El prodigio transita m�s en la imago que en el\u003ci\u003e ethos\u003c\/i\u003e como concepto del sistema po�tico del barroco, del cual y como resultado �ltimos el salmista, Roberto M�ndez, tampoco escapa.\u003cbr\u003e Miladis H\u003c\/p\u003e","brand":"Independently Published","offers":[{"title":"Paperback","offer_id":47887967781015,"sku":"9798297275300","price":1262.0,"currency_code":"INR","in_stock":true}],"thumbnail_url":"\/\/cdn.shopify.com\/s\/files\/1\/0666\/3471\/1191\/files\/9798297275300.webp?v=1781162723","url":"https:\/\/atlanticbooks.com\/products\/epistola-para-una-sombra-9798297275300","provider":"Atlantic Books","version":"1.0","type":"link"}